En México creemos que la vejez llega antes… y que la juventud dura menos
En México creemos que la vejez llega a los 62, cuatro años antes que el promedio global. Y aunque la mayoría no la espera con ganas, tenemos clarísimas las edades para los grandes momentos de la vida. Datos de Ipsos que harán que te replantees el calendario.
En México percibimos la vejez a los 62 años, vs 66 en promedio global. Y creemos que hay más adultos mayores de los que realmente hay. Datos de Ipsos.
En México parece que le hemos puesto turbo al calendario. El estudio global “Actitudes frente al envejecimiento” de Ipsos revela que para nosotros la vejez empieza a los 62 años, cuatro antes que el promedio mundial, que la fija en 66. Y lo curioso es que hace apenas siete años, en 2018, pensábamos que ese momento llegaba a los 70. En menos de una década nos recortamos ocho años de juventud mental.
La percepción tampoco coincide con la realidad demográfica. Muchos mexicanos creen que casi un tercio de la población tiene más de 65 años, cuando en realidad no pasa del ocho por ciento. Tal vez no queramos aceptarlo, pero el dato nos pinta como un país más envejecido de lo que es. Y sí, la mayoría no recibe con entusiasmo esa etapa: seis de cada diez prefieren no esperarla con ansias, aunque entre los hombres jóvenes de la generación Z, casi la mitad sí lo hace.
Aun así, tenemos muy claro cuándo deben ocurrir los grandes hitos de la vida: casarse, tener un bebé y comprar una casa siguen imaginándose como logros de la franja que va de los 28 a los 35 años. Antes de eso, lo ideal es terminar la universidad entre los 19 y 24, y para quienes sueñan con ejercer profesiones de alta responsabilidad, también hay edades “mínimas aceptables”: un líder de país debe rebasar los 40, un CEO los 37, un piloto aviador los 31 y un cirujano los 30.
Este retrato, construido a partir de más de 23 mil entrevistas en 32 países, muestra que nuestra relación con la edad está marcada por expectativas culturales, ideas heredadas y un toque de sesgo. Puede que el envejecimiento sea inevitable, pero la manera de vivirlo todavía está en nuestras manos… y quizá, también en nuestra imaginación.
