Nuevas ideas para combatir al sobrepeso y obesidad

En la FES Cuautitlán un grupo de científicos las elaboran para ayudar a corregir estos padecimientos

Investigación contra la obesidad

La disminución del sobrepeso y obesidad es considerada el reto más importante de salud pública mundial

La disminución del sobrepeso y obesidad es considerada el reto más importante de salud pública mundial, debido a la rapidez de su incremento y al efecto negativo que ejercen en la salud de quien la padece. Además, son el principal factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles, como diabetes, hipertensión arterial, dislipidemia, enfermedades cardiovasculares, entre otras.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2020, en México 74.1 por ciento de los adultos y 38.2 por ciento de la población infantil tienen sobrepeso u obesidad. Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía indican que esta última fue la causa de más de 360 mil muertes (218 mil por enfermedades cardiovasculares y 151 mil por diabetes) en ese mismo año.

La académica de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, Raquel Gómez Pliego, desde hace algunos años se dedica a la elaboración de alimentos fermentados funcionales nutracéuticos para coadyuvar al control de este tipo de patologías y ofrecer al consumidor un producto económico y fácil de adquirir.

Los Alimentos Funcionales son aquellos en los cuales algunos de sus componentes afectan funciones del organismo de manera específica y positiva, promoviendo un efecto fisiológico o psicológico más allá de su valor nutritivo tradicional. Este efecto puede contribuir al mantenimiento de la salud y bienestar, a la disminución del riesgo de enfermar, o ambas.

Un nutracéutico es un producto basado en ingredientes procedentes de la naturaleza que previenen las enfermedades crónico-degenerativas, como los infartos, embolias, hipertensión, diabetes y cánceres hormono dependientes (glándulas mamarias, próstata, tiroides, etcétera).

Para desarrollar esta línea de investigación, la universitaria trabajó con un simbiótico conformado por estas bacterias ácido-lácticas gram positivas (por sus propiedades son la cepa más utilizada en la industria para fermentar quesos y yogurt) y fibras de trigo, chícharo o brócoli, porque en su composición las tres tienen un porcentaje soluble e insoluble.

Los simbióticos son “una mezcla de probióticos y prebióticos destinada a aumentar la supervivencia de las bacterias que promueven la salud, con el fin de modificar la flora intestinal y su metabolismo”.

La finalidad de esta evaluación es garantizar que la combinación de las fibras con las bacterias no genere cambios que afecten la sobrevivencia del microorganismo, las propiedades sensoriales o los parámetros químicos, como viscosidad, acidez, pH, acidez titulable y humedad, entre otros.

Actualmente, el grupo trabaja en modificar cierto resabio a vegetal en la bebida de brócoli y el siguiente paso del proyecto es evaluar el efecto de estos productos sobre variables bioquímicas relacionadas con el síndrome metabólico y pruebas conductuales.

Otra vertiente de esta línea de investigación es la evaluación del uso de simbióticos y su correlación con el eje intestino-cerebro, para lo cual se basaron en datos publicados por otros científicos en los que se indica que la combinación de fibras y probióticos mejoran la memoria. Al momento, están en la fase de pruebas con ratas para corroborar mejoras en la memoria y en el aprendizaje.

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