¿Por qué esperamos a la adolescencia para hablar de emociones?
¿Por qué algunos niños tienen dificultades para manejar la frustración y qué ocurre cuando llegan a la adolescencia? Laura Elizondo, fundadora de Lexium Goldmind, explica cómo se construyen las habilidades socioemocionales desde la infancia y presenta BECOMING, un modelo que propone comprender su evolución para mejorar el acompañamiento de familias y escuelas.
Las habilidades emocionales comienzan en la infancia. Conoce cómo se desarrollan y por qué familias y escuelas deben acompañarlas desde pequeños.
Aprender a reconocer lo que sentimos, manejar la frustración y relacionarnos con los demás es un proceso que comienza desde la infancia. Especialistas de Lexium Goldmind proponen mirar el desarrollo emocional con la misma atención que prestamos al aprendizaje académico.
Hay un momento que muchas familias conocen bien: un adolescente se encierra en su habitación, responde con un portazo o parece incapaz de explicar qué le ocurre. Entonces llegan las preguntas: ¿por qué le cuesta tanto manejar sus emociones?, ¿cómo podemos ayudarlo?, ¿en qué momento comenzó todo esto?
Las habilidades emocionales no aparecen mágicamente al cumplir 13 años. Comienzan a construirse desde la infancia, cuando aprendemos a reconocer lo que sentimos, convivir con otras personas, esperar nuestro turno, enfrentar pequeñas frustraciones y descubrir que no siempre podemos conseguir lo que queremos.
Y aunque solemos preocuparnos por estas capacidades cuando surge un conflicto, su desarrollo merece atención mucho antes de que aparezcan las dificultades.
Pensemos en un niño pequeño que llora porque perdió su juguete favorito. Quizá todavía no sabe explicar que está triste o frustrado. Unos años después, ese mismo niño podría identificar lo que siente, pero seguir necesitando ayuda para controlar sus reacciones.
Más adelante, durante la adolescencia, enfrentará situaciones distintas: conflictos con sus amistades, presión escolar, expectativas familiares y decisiones que exigen mayor autonomía.
En cada etapa necesita recursos emocionales diferentes, y no todos se desarrollan al mismo ritmo.
Para Laura Elizondo, socia y fundadora de Lexium Goldmind, comprender esta evolución es fundamental para que familias y escuelas acompañen mejor el crecimiento de niñas, niños y adolescentes.
La propuesta es cambiar una pregunta que solemos hacernos demasiado tarde. En lugar de esperar a que aparezca una dificultad para preguntarnos qué está fallando, conviene observar qué habilidades está construyendo cada persona y cuáles necesita fortalecer.
Porque aprender a manejar la frustración, reconocer nuestras emociones o relacionarnos con los demás no son tareas que se resuelvan con una sola conversación.En las escuelas estamos acostumbrados a observar cómo avanza el aprendizaje académico. Sabemos que antes de resolver operaciones complejas necesitamos comprender conceptos más sencillos y que nadie aprende a leer de un día para otro.
Con las habilidades socioemocionales ocurre algo parecido.
Reconocer una emoción no es lo mismo que saber regularla. Comprender que alguien está triste tampoco significa tener desarrollada la capacidad para acompañarlo. Y tolerar una pequeña frustración durante la infancia no equivale a enfrentar las presiones emocionales de la adolescencia.
Desde esta perspectiva, Lexium impulsa BECOMING, Modelo Evolutivo Socioemocional, creado por Laura Elizondo, que propone comprender cómo las habilidades emocionales surgen, se consolidan y adquieren utilidad a lo largo de la vida.
Su planteamiento parte de una idea importante: antes de evaluar si una persona cuenta con determinada habilidad, es necesario considerar qué capacidades puede esperarse que haya desarrollado en esa etapa y cuáles necesita construir previamente.
Un niño que todavía está aprendiendo a regular sus impulsos no debería quedar definido únicamente por sus reacciones. Del mismo modo, un adolescente que atraviesa dificultades para manejar la frustración necesita acompañamiento y comprensión de su proceso, no solamente señalamientos sobre su comportamiento.
¿Y qué podemos hacer desde casa y desde la escuela?
La educación emocional no comienza necesariamente con una clase especial, un taller o una situación complicada. También está presente en la convivencia cotidiana.Aparece cuando ayudamos a un niño a encontrar palabras para explicar su enojo, cuando acompañamos una decepción sin minimizarla o cuando escuchamos a un adolescente que todavía no sabe cómo expresar lo que le preocupa.
En la escuela, esta mirada invita a reconocer que el aprendizaje académico y el desarrollo socioemocional están relacionados. La manera en que una persona responde a las exigencias de su entorno, construye relaciones y enfrenta los desafíos forma parte de su experiencia educativa.
La propuesta de Lexium Goldmind no consiste en exigir que todas las niñas y niños desarrollen las mismas habilidades al mismo tiempo, sino en comprender su evolución y ofrecer acompañamiento acorde con sus necesidades.
También supone reconocer que una evaluación emocional no debería interpretarse de manera aislada, sin considerar la edad y el proceso de crecimiento de cada estudiante.
La infancia es el comienzo de un proceso que continúa durante la adolescencia y la adultez. Comprenderlo permite que familias y docentes acompañen el desarrollo emocional sin esperar necesariamente a que una dificultad se convierta en un problema mayor.
