¿Los sismos de Colombia y Venezuela pueden provocar uno en México? 

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Después de los recientes sismos en Colombia y Venezuela, la pregunta comenzó a circular. Un científico del Instituto Politécnico Nacional explica por qué esos movimientos no tienen incidencia en la actividad sísmica de México.

Pero hay una lección todavía más importante: no podemos evitar los sismos, pero sí podemos prepararnos mejor para enfrentarlos.

Los movimientos telúricos registrados en Sudamérica despertaron la duda, si pueden tener alguna repercusión en México.

Los movimientos telúricos registrados en Sudamérica despertaron la duda, si pueden tener alguna repercusión en México.

Los movimientos telúricos registrados en Sudamérica despertaron la duda, si pueden tener alguna repercusión en México. Omar Cristian Chávez Hernández, especialista en Sismología del Instituto Politécnico Nacional, descarta esa posibilidad y aprovecha la conversación para recordar algo mucho más importante: los sismos no pueden evitarse, pero sus consecuencias sí pueden reducirse.

Cuando la tierra se mueve con fuerza en algún punto del continente, las noticias viajan mucho más rápido que las ondas sísmicas. Y con ellas llegan también las preguntas, los mensajes de WhatsApp y, por supuesto, alguna que otra teoría sobre si un terremoto ocurrido a miles de kilómetros podría “activar” otro en México.

Tras los recientes sismos en Venezuela y Colombia, Omar Cristian Chávez Hernández, investigador de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA), Unidad Ticomán, del Instituto Politécnico Nacional (IPN), puso claridad sobre el asunto: no existe una relación que permita afirmar que esos movimientos tendrán incidencia en la actividad sísmica mexicana.

La explicación está debajo de nuestros pies, en las placas tectónicas, de acuerdo con el especialista, los sismos ocurridos en aquella región están relacionados con la interacción de las placas de Nazca y Sudamericana. En Colombia, explicó, la placa de Nazca se desplaza por debajo de la Sudamericana y ese proceso puede generar sismos de distintas magnitudes.

Por su ubicación y por la distancia respecto de México, Chávez Hernández descarta científicamente que estos eventos tengan incidencia sobre la actividad sísmica de nuestro país. Así que no;un sismo fuerte en Sudamérica no significa que “ahora le toca a México”.

Y vale la pena recordarlo cada vez que aparecen cadenas o publicaciones que pretenden anticipar un terremoto a partir de otro ocurrido lejos del país. El investigador del Politécnico lleva la conversación hacia un terreno mucho más útil: qué tan preparados estamos cuando ocurra un sismo.

Chávez Hernández plantea que los desastres no dependen únicamente de la magnitud de un movimiento telúrico. También intervienen las vulnerabilidades que hemos construido alrededor de nosotros: dónde vivimos, cómo edificamos, qué características tiene el suelo y qué planes de prevención existen.

“La acumulación de las vulnerabilidades está representada por dónde decidimos vivir, cómo decidimos construir, qué planes tenemos de prevención y si existe un estudio del suelo donde se desea habitar”, explica el investigador.

Y México sabe bastante de ello, las experiencias de los terremotos de 1985 y 2017 impulsaron el fortalecimiento de normas, planes de construcción y estrategias de prevención que, advierte el especialista, deben actualizarse continuamente.

Entre esas herramientas se encuentra el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX), que el investigador identifica como una de las fortalezas desarrolladas por México a partir de su propia experiencia sísmica.

Pero el aprendizaje mexicano podría viajar en sentido contrario al de los temores: en lugar de preguntarnos si los terremotos sudamericanos llegarán hasta aquí, Chávez Hernández propone que México comparta conocimientos, evaluación de riesgos, sistemas de alertamiento y experiencias de Protección Civil con otros países de la región.

El especialista considera además necesario fortalecer la cooperación científica internacional con países que cuentan con amplia experiencia en sismicidad, como Japón, Estados Unidos, Chile, Taiwán y China, para intercambiar conocimientos técnicos y mejorar los sistemas de prevención y respuesta.

Porque aunque todavía no podemos poner una cita en el calendario para saber cuándo ocurrirá el próximo gran sismo, sí podemos decidir cómo nos encontrará. Simulacros, planes familiares de Protección Civil, mejores construcciones, conocimiento del suelo y una cultura permanente de prevención siguen siendo herramientas mucho más útiles que cualquier predicción que circule por redes sociales.

Como resume el científico del IPN: “Recordar para no olvidar y no olvidar para no repetir”.

Y en un país sísmico como México, quizá esa sea la lección que nunca deberíamos dejar de estudiar.

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